martes, 20 de octubre de 2015

Referencias cinéfilas en caricaturas


Las caricaturas van dirigidas principalmente a un público muy joven pero siempre están cargadas de referencias de todo tipo que son captadas por un público más adulto. He detectado algunos guiños cinéfilos en ciertos capítulos de algunas series que me gustaron.

Empecemos por  “La Vida Moderna de Rocko”, comienzo por ella porque es una de esas caricaturas que poseen un estilo inconfundible, se hizo algo famosa por el uso del doble sentido en algunos chistes. Pero más allá de eso,  es especial porque podemos encontrar referencias al expresionismo alemán en los escenarios: todas las construcciones están inclinadas, escapan de la rectitud a favor de unos diseños curvos, que de alguna forma ayudan a asentar el universo hilarante de los personajes. Está cargada de personajes entrañables: huye de la cursilería infantil en favor de un humor absurdo que, sin embargo, no cancela los valores que cada personaje posee. 

En fin, en este capítulo encontraremos que Rocko, un wallaby que es el personaje principal, intenta limpiar su casa con su vieja aspiradora, pero ésta deja de funcionar. No obstante, Rocko la fuerza y la hace colapsar. 
En sus últimos segundos de vida, la aspiradora intenta decir unas últimas palabras. Rocko se acerca muy apenado y el aparato alcanza a decirle con voz muy suave: “Rosebud”. 


En esta otra escena, Heffer, un gordo novillo amarillo y mejor amigo de Rocko, cree que Filburt, tortuga temerosa y neurótica, es un extraterrestre que busca conquistar el mundo. Cuando se encuentran los tres, Heffer no deja de citar referencias a películas de ciencia ficción. El diálogo va así:

Rocko: ¿Tienes algún plan para más tarde?
Filburt: ¿Plan?
Heffer: Sí tu sabes ir al parque, ver una película…¡Salir del pecho de alguien!

Claramente es una referencia al "Alien" de Ridley Scott. Después el diálogo sigue así:

Filburt: No, solo una tarde tranquila en casita, yo solo, metido en mis cosas
Heffer: Bueno filburt… Klaatu barada nikto

La referencia es a la película “The day the earth stood still” de Robert Wise

 

Finalmente, cerramos con un homenaje televisivo. En esta escena, Heffer presenta un especial de Halloween, claramente homenajeando a Alfred Hitchcock en su famosa serie de TV.



martes, 15 de septiembre de 2015

Imágenes memorables

Nuestra memoria es frágil. Al ver una película podemos olvidar los diálogos más importantes, algunos detalles de la historia, incluso podemos confundir el orden de los acontecimientos. Sin embargo, algunas imágenes jamás se nos olvidarán.

Lo menos que le podemos pedirle a una película es que nos deje imágenes memorables. Podemos estar ante una obra con un guion deficiente, malas actuaciones o problemas técnicos, pero si al menos vemos una secuencia con imágenes memorables podríamos decir que no hemos perdido del todo nuestro tiempo.

En muchas películas encontraremos fotogramas representativos que nos impactarán de tal forma que los espectadores las recordaremos por toda nuestra vida con mucha estima y hasta con nostalgia.
Obviamente, no siempre esas imágenes se fijan en la memoria recurriendo únicamente al impacto visual de una buena fotografía, sino también con la ayuda de los efectos de sonido, la música, la iluminación o algún diálogo inteligente.

Por ejemplo, la famosa escena de los heridos en la batalla de Atlanta en Lo que el viento se llevó (1939). La cámara alejándose acompañada de la música dramática nos va mostrando poco a poco un horrible y gigantesco escenario de dolor.



En las obras maestras siempre vamos a encontrar imágenes memorables. De las películas dirigidas por Godard podríamos mencionar a Anna Karina sosteniendo unas tijeras frente a la cámara en Pierrot le fou (1965), a Jean Paul Belmondo corriendo herido en la secuencia final de Al final de la escapada (1960) y por supuesto, a Brigitte Bardot desnuda haciéndo preguntas sobre su cuerpo a su esposo mientras la imagen cambia de rojo a azul en El desprecio (1963).



Con los hermanos Coen las imágenes memorables son innumerables. La escena final de A serious Man, Tommy Lee Jones contando su sueño en el final de No country for old men, John Goodman corriendo entre las llamas en Barton Fink (1991) o la aparición de Jesus Quintana en El gran Lebowski, entre muchas otras.



Pero también existen películas terribles que al menos lograron construir imágenes poderosas. Es el caso de Simple Men (1992), dirigida por Hal Hartley. Una mala película de las muchas que se hicieron en el cine independiente de los años 90. Las actuaciones son demasiado teatrales, la fotografía mediocre y el guion está repleto de acartonadas reflexiones sobre la vida. Sin embargo, hay una gran escena de baile que es un homenaje a Band apart (pero también es una escena funcional porque ayuda al desarrollo de la historia). Es lo único rescatable del filme.



Si existiera un tribunal cinematográfico quemaríamos la película (y al propio Hartley por sus diálogos pretenciosos), pero salvaríamos solo esta secuencia.

Y ahora veamos algo más comercial. ¿Por qué el Spiderman de Sam Raimi es superior al de Marc Webb? Sí, eso mismo, por las imágenes. El odiado Peter Parker de Tobey Maguire ha legado a la cultura popular el beso en la lluvia con Kirsten Dunst, la secuencia del aprendizaje de sus superpoderes y la escena en la que detiene el tren para salvar a los pasajeros. Todas ellas quedarán para siempre en la memoria de la gente.



Del otro Spiderman (el de Webb) solo queda la escena de la muerte de Gwen Stacy, que extrañamente no es lo suficientemente impactante. Y su kiss scene es sosa si la comparas con la de Raimi.



Finalmente, mencionaremos a Whiplash (2014), una película formidable y muy sensorial. Las escenas con imágenes memorables abundan en esta segunda obra de Damien Chazelle, pero quiero resaltar la toma en que J. K. Simmons mira al protagonista en la escena final: un primer primerísimo plano de sus ojos.

Esta imagen que vemos por apenas unos segundos es la resolución de la historia, se consuma la reconciliación entre el maestro y el alumno en la sonrisa de complicidad que esboza J. K. Simmons. Solo vemos sus ojos, pero por el movimiento de las cejas y los músculos de la cara sabemos que sonríe. Basta con eso para crear un momento de mucha fuerza, un sutil éxtasis de su amor por la música.



Así es cómo se logra una imagen memorable.

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